Argentina jugaba contra dos rivales: Bolivia y la altura. Aunque son indivisibles, ya que a uno le cuesta mucho sin el otro. De todas formas y con un esquema preparado especialmente para jugar en estas condiciones, se vuelve con un empate 1 a 1 que pudo ser triunfo pero se falló en la puntada final.
No fue el partido más lúcido del equipo de Alejandro Sabella, incluso con un Messi superado por las condiciones atmosféricas. Sin embargo, fue fundamental la aplicación total de todos para no ser superados más allá de breves pasajes. Marcelo Moreno Martins puso en ventaja a los bolivianos, mientras que Éver Banega logró el empate antes de finalizar el primer tiempo.
El encuentro comenzó de la forma que se esperaba: el conjunto local manejando la pelota y aprovechando que la albiceleste decidió esperar cerca del área de Sergio Romero y buscar el contragolpe rápido. Después de algunas aproximaciones despejadas por la defensa, la primera clara la tuvo Bejarano, quien recibió de Chumacero y casi sin ángulo no pudo ante la gran tapada del 1 argentino. La respuesta no se hizo esperar y obviamente en un ataque veloz, Messi tocó para Di María, éste habilitó a Palacio pero Galarza salió rápido para achicar las posibilidades del delantero.
La selección de Xabier Azkargorta era más y el gol no sorprendió: Clemente Rodríguez perdió por su espalda, Chumacero desbordó y su centro cayó en la cabeza de Moreno Martins, quien remató de manera excelente y venció a Chiquito. El 1 a 0 era justo, pero también sirvió como cachetazo a Argentina, que más allá de no modificar el esquema defensivo, comenzó a cortar antes del área y salir de contra.
Di María fue el dueño de la primera clara, con un remate que se fue apenas desviado, y el gol llegó a dos minutos del final. Messi se sacó de encima las marcas, abrió para Clemente y éste envió un centro al corazón del área que Banega transformó en el empate con un cabezazo contra el palo izquierdo de Galarza. Y por lo que fueron los últimos minutos, la igualdad era justa.
El complemento arrancó de la misma manera, aunque con la sutil diferencia del conjunto boliviano mucho más impaciente por recuperar la ventaja, lo cual lo llevó a fallar en los últimos metros y prácticamente no inquietar a la defensa argentina y a Romero, que rechazaron cada centro que caía sobre el área.
Promediando la segunda etapa, salió a la luz una curiosa estrategia propia del pizarrón: con la pelota liviana y el viento a favor, los saques de arco de Romero caían en el área rival y en más de una ocasión complicaron a Galarza, que de a poco se fue convirtiendo en figura excluyente.
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No fue el partido más lúcido del equipo de Alejandro Sabella, incluso con un Messi superado por las condiciones atmosféricas. Sin embargo, fue fundamental la aplicación total de todos para no ser superados más allá de breves pasajes. Marcelo Moreno Martins puso en ventaja a los bolivianos, mientras que Éver Banega logró el empate antes de finalizar el primer tiempo.
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La selección de Xabier Azkargorta era más y el gol no sorprendió: Clemente Rodríguez perdió por su espalda, Chumacero desbordó y su centro cayó en la cabeza de Moreno Martins, quien remató de manera excelente y venció a Chiquito. El 1 a 0 era justo, pero también sirvió como cachetazo a Argentina, que más allá de no modificar el esquema defensivo, comenzó a cortar antes del área y salir de contra.
Di María fue el dueño de la primera clara, con un remate que se fue apenas desviado, y el gol llegó a dos minutos del final. Messi se sacó de encima las marcas, abrió para Clemente y éste envió un centro al corazón del área que Banega transformó en el empate con un cabezazo contra el palo izquierdo de Galarza. Y por lo que fueron los últimos minutos, la igualdad era justa.
El complemento arrancó de la misma manera, aunque con la sutil diferencia del conjunto boliviano mucho más impaciente por recuperar la ventaja, lo cual lo llevó a fallar en los últimos metros y prácticamente no inquietar a la defensa argentina y a Romero, que rechazaron cada centro que caía sobre el área.
Promediando la segunda etapa, salió a la luz una curiosa estrategia propia del pizarrón: con la pelota liviana y el viento a favor, los saques de arco de Romero caían en el área rival y en más de una ocasión complicaron a Galarza, que de a poco se fue convirtiendo en figura excluyente.
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